Un multilateralismo más fuerte
La Organización Mundial del Comercio debería aprovechar al máximo las indudables habilidades de su directora general, Ngozi Okonjo-Iweala, para resolver las disputas comerciales mediante la conciliación, el arbitraje y la negociación, lo que marcaría un paso atrás respecto de su sistema de apelación basado en los jueces, excesivamente legalista y ahora defectuoso.
Al mismo tiempo, el FMI debería reforzar su papel en la prevención y resolución de crisis. Bajo el firme liderazgo de Kristalina Georgieva, el FMI debería dar más prioridad a su papel fundamental como sistema de alerta temprana para la economía mundial, movilizar su capacidad de préstamo de un billón de dólares para ofrecer un mejor seguro contra las conmociones económicas, negociar un mecanismo de reestructuración de la deuda soberana mucho mejor y crear así una red de seguridad financiera mundial más amplia.
Dado que el 59,1 por ciento de las acciones con derecho a voto del FMI están en manos de países que representan el 13,7 por ciento de la población mundial, mientras que la participación combinada de India y China es de sólo el 9 por ciento, el FMI debe reformar su constitución.
El Banco Mundial debe convertirse, como ha propuesto su nuevo y dinámico presidente, Ajay Banga, en un banco mundial de bienes públicos centrado tanto en el capital humano como en la gestión ambiental. Se estima que las economías de mercados emergentes y en desarrollo, excluida China, necesitarán 3 billones de dólares al año para 2030 para financiar la acción climática y los ODS, de los cuales 2 billones deberían recaudarse en el país y 1 billón tendrá que provenir del exterior.
El informe Summers-Singh del Grupo de los Veinte (G20) ha propuesto que los bancos multilaterales de desarrollo proporcionen un aumento anual de 260.000 millones de dólares. Es necesario movilizar mecanismos financieros innovadores, incluido el uso de garantías para reducir el riesgo y aumentar la inversión del sector privado, para impulsar y complementar estos esfuerzos. El Banco Mundial y los bancos multilaterales de desarrollo necesitarán más fondos de los accionistas mediante un aumento de capital.
Dado que el Grupo de los Siete tiene un número demasiado reducido de miembros para ser el comité directivo de la economía mundial, el G20 debería convertirse en lo que se pretendía que fuera: el principal foro para la cooperación económica mundial. Para que eso funcione, necesita ser más representativo a través de un sistema de circunscripciones y debería reunir una secretaría profesional que pueda asegurar la continuidad de las políticas de un año a otro.
Mantener la esperanza en tiempos difíciles es esencial. El tratado de prohibición de los ensayos nucleares de Kennedy en la década de 1960, las reducciones de armas nucleares de Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov en la década de 1980, los esfuerzos multinacionales para prevenir el agotamiento de la capa de ozono en la década de 1990, la cumbre del G20 de 2009 para estabilizar la economía mundial y el más reciente acuerdo de París sobre el clima son ejemplos del potencial de la cooperación mundial. Pero el éxito requiere un liderazgo visionario y la voluntad de trabajar juntos.
Tenemos ante nosotros dos caminos: uno conduce a la fragmentación global y a la profundización de las crisis, mientras que el otro, si trabajamos colectivamente, traerá prosperidad, progreso y esperanza. Yo elijo la esperanza.