Se proyecta que el crecimiento mundial se desacelerará bruscamente este año, a su tercer ritmo más débil en casi tres décadas, eclipsado solo por las recesiones mundiales de 2009 y 2020. Esto refleja el endurecimiento sincrónico de la política destinada a contener una inflación muy alta, el empeoramiento de las condiciones financieras y las continuas interrupciones de la invasión de Ucrania por parte de la Federación de Rusia. Se espera que el crecimiento de la inversión en las economías de mercados emergentes y en desarrollo (EMED) se mantenga por debajo de su tasa promedio de las últimas dos décadas. Nuevos shocks adversos podrían empujar a la economía mundial a otra recesión. Los Estados pequeños son especialmente vulnerables a tales choques debido a su dependencia del comercio exterior y el financiamiento, la diversificación económica limitada, la elevada deuda y la susceptibilidad a los desastres naturales. Se necesita una acción mundial urgente para mitigar los riesgos de recesión mundial y sobreendeudamiento en las EMED. Dado el limitado espacio de políticas, es fundamental que los responsables de las políticas nacionales garanticen que cualquier apoyo fiscal se centre en los grupos vulnerables, que las expectativas de inflación permanezcan bien ancladas y que los sistemas financieros sigan siendo resistentes. También se necesitan políticas para apoyar un aumento importante de la inversión en EMED, incluida la nueva financiación de la comunidad internacional y la reutilización del gasto existente, como los subsidios agrícolas y de combustibles ineficientes.