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Europa puede apoyar mejor al capital riesgo para impulsar el crecimiento y la productividad

La Unión Europea tiene un problema de productividad. Sus habitantes producen casi un 30 por ciento menos por hora trabajada de lo que habrían producido si la producción real por hora trabajada hubiera aumentado en línea con la de Estados Unidos desde el año 2000.
Una de las razones del escaso crecimiento de la productividad en el bloque es la incapacidad de desarrollar de manera suficiente empresas emergentes innovadoras para convertirlas en empresas “superestrella”.
La fragmentación de la economía y el sistema financiero de Europa es en parte la causa de este problema. Sin un mercado único más fluido para los bienes, los servicios, el trabajo y el capital, a las empresas emergentes exitosas les resulta más costoso y difícil crecer.
Además, el sistema financiero europeo, basado en los bancos, no es adecuado para financiar empresas emergentes de riesgo. Las empresas emergentes de alta tecnología suelen desarrollar nuevas tecnologías y modelos de negocio que son riesgosos y pueden resultar difíciles de evaluar para los bancos. Y el valor de las empresas emergentes suele residir en su gente, sus ideas y otro capital intangible, que es difícil de ofrecer como garantía para un préstamo bancario. Los bancos también están limitados por normas que (con razón) limitan los préstamos a empresas de riesgo sin garantías, incluso a las de rápido crecimiento que probablemente obtengan grandes beneficios en el futuro.
Los fondos europeos de capital privado también son más pequeños y están más fragmentados que en Estados Unidos. Los europeos depositan una mayor parte de sus ahorros en cuentas bancarias en lugar de en los mercados de capitales. Los estadounidenses invirtieron 4,60 dólares en acciones, fondos de inversión y fondos de pensiones o seguros por cada dólar invertido en esos activos por los europeos en 2022. En parte, esto se debe a que los europeos dependen más de las pensiones de reparto que los estadounidenses. Pero, independientemente de la razón, el resultado final es una menor disponibilidad de financiación mediante acciones para las empresas.
La fragmentación de los mercados se debe en parte a leyes, reglamentos e impuestos nacionales que dificultan la consolidación transfronteriza, la captación de capital y la distribución de riesgos. Muchos inversores institucionales prefieren asignar capital a empresas con sede en sus propios países. Esto suele aplicarse también a las inversiones en capital de riesgo, especialmente en fondos más pequeños.
Una mayor inversión de capital de riesgo podría estimular la productividad y fortalecer el ecosistema de innovación de la UE, pero la escasez de fondos de capital de riesgo en Europa está privando a las empresas emergentes innovadoras de inversiones y dificultando el impulso del crecimiento económico y los niveles de vida.
Como sostiene nuestro nuevo documento, las medidas para fortalecer los mercados de capital de riesgo de la UE y eliminar las fricciones financieras transfronterizas para los fondos de pensiones y las aseguradoras que invierten en capital de riesgo podrían aumentar el flujo de financiación hacia empresas emergentes prometedoras e impulsar ganancias de productividad.
La UE perdió su mayor centro de capital de riesgo, Londres, tras la votación del Reino Unido de abandonar la Unión en 2016 y sus centros restantes carecen de la escala de los de Estados Unidos.
En la última década, las inversiones de capital de riesgo de la UE promediaron apenas el 0,3 por ciento del producto interno bruto, menos de un tercio del promedio de los Estados Unidos. Los fondos de capital de riesgo estadounidenses recaudaron 800.000 millones de dólares más que sus homólogos europeos durante ese período.