Resolver la crisis del agua es fundamental para nuestro futuro en un planeta habitable. Ya sea que se trate de demasiada, muy poca o demasiado contaminada, esta triple amenaza, exacerbada por el cambio climático, niega a miles de millones de personas un acceso confiable al agua potable y al saneamiento. Amenaza las economías, alimenta la migración y puede encender conflictos. Necesitamos una acción global para establecer la seguridad hídrica para un crecimiento verde, resiliente e inclusivo, y para abordar el nexo agua-clima-conflicto.
A pesar del progreso, estamos atrasados en el cumplimiento de los ODS relacionados con el agua, lo que tiene un efecto directo en el desarrollo general. Las tendencias actuales sugieren que, para 2030, 1.6 millones de personas carecerán de agua potable gestionada de forma segura, 2.8 millones de personas carecerán de saneamiento gestionado de forma segura y 1.9 millones de personas carecerán de instalaciones básicas de higiene de manos.
La respuesta para una mejor gestión del agua radica en las cuatro «I»: inversión, innovación, información e instituciones. El sector del agua necesita un aumento masivo de la financiación pública y privada para satisfacer la demanda. La innovación puede aumentar la eficiencia, reducir costos y reducir el desperdicio. La información, que comparte datos y conocimientos mundiales, ayuda a los gobiernos a mejorar la seguridad del agua y el saneamiento, al tiempo que apoya las asociaciones y la inversión específica. La reforma institucional puede mejorar el entorno propicio para la inversión, mejorar la eficiencia e impulsar las economías y la creación de empleo.