Los subsidios a los combustibles fósiles son solo una parte de la sobreabundancia de subvenciones en el mundo. Al agregar el gasto público directo en agricultura y pesca, se obtiene una cifra de USD 1,25 billones al año, aproximadamente el tamaño de una economía grande, como la de México.
Pero eso no es todo. El verdadero costo de las prácticas nocivas relacionadas con los subsidios a la agricultura, la pesca y los combustibles fósiles no se mide por completo contabilizando simplemente los gastos directos. También se deben incluir los subsidios implícitos. Estos representan los efectos en las personas y en el planeta, como la contaminación, las emisiones de gases de efecto invernadero, la congestión vial y la destrucción de la naturaleza, que no son pagados por quienes los causan. O sea, constituyen un subsidio a los contaminadores. Los subsidios implícitos y explícitos, en conjunto, suman más de USD 7 billones anuales, que se gastan de maneras que causan efectos dañinos no deseados y que socavan nuestros esfuerzos para combatir el cambio climático. Para poner en contexto esa enorme cifra: llega a alrededor del 8 % del valor de la economía mundial.
Sin embargo, no se trata solo del dinero. Poner fin a estos subsidios descomunales también sería bueno para las personas y el planeta. La quema de petróleo, gas y carbón causa 7 millones de muertes prematuras (i) anuales en todo el mundo debido al aire tóxico que respiran las personas, una cifra impactante si se tiene en cuenta que es alrededor de la misma cantidad de personas que han muerto por la COVID-19 (6,9 millones, según la Organización Mundial de la Salud [OMS]). Esa carga recae principalmente sobre los pobres. Reorientar los subsidios literalmente salva vidas.
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Repensar el multilateralismo para una era pandémica
Una financiación mayor y más sostenida también requiere una mejor gobernanza. La gobernanza de la salud mundial recae en la OMS y su órgano de adopción de decisiones, la Asamblea Mundial de la Salud. Lo que falta es un mecanismo que reúna a los responsables de la toma de decisiones financieras y de salud para gobernar y movilizar fondos de la seguridad sanitaria mundial. Creemos que una junta que reúna a los ministros de salud y finanzas dentro de un grupo inclusivo del G20 más satisfará esa necesidad de la manera más efectiva. Debe tener una representación adecuada de las economías en desarrollo, especialmente la inclusión de la Unión Africana. La OMS, el Banco Mundial, el FMI y la Organización Mundial del Comercio deberían ser incluidos de oficio. Una secretaría permanente e independiente auspiciada por la OMS y que aproveche los recursos de expertos de las principales organizaciones internacionales debería prestar apoyo a la junta.
Grupo de Trabajo de Líderes Multilaterales sobre COVID-19
El Fondo Monetario Internacional, el Grupo del Banco Mundial, la Organización Mundial de la Salud y la Organización Mundial del Comercio han unido fuerzas para acelerar el acceso a las vacunas, la terapéutica y el diagnóstico de COVID-19 aprovechando las soluciones financieras y comerciales multilaterales, en particular para los países de ingresos bajos y medianos.