Independientemente de quién proporcione el servicio, nuestro sistema de pagos debe cumplir con principios fundamentales. Entre esos principios básicos está garantizar que la infraestructura de pagos respalde un acceso amplio y promueva la inclusión financiera. Los pagos son esenciales para la vida cotidiana y, con demasiada frecuencia, los hogares y las pequeñas empresas de ingresos bajos y moderados no tienen acceso a los servicios de pagos que necesitan a un costo razonable. Además, a medida que el sistema de pagos evoluciona, debe brindar fuertes protecciones al consumidor. El sistema de pagos debe dar la bienvenida a la competencia, brindar opciones a los consumidores y apoyar la innovación. El sistema de pagos debería permitir a los consumidores tener un mejor control sobre su vida financiera, incluida su identidad y sus datos financieros. Y, en términos más generales, nuestro sistema de pagos debería promover la eficiencia, la conveniencia, la velocidad, el bajo costo, resiliencia, privacidad y seguridad. Finalmente, nuestro sistema de pagos debe basarse y depende de la confianza, y esta confianza debe mantenerse a medida que se actualiza el sistema. Esto incluye la confianza en que el sistema de pagos no se utiliza con fines ilícitos, que los pagos legales siempre se cumplirán y que ni el gobierno ni los actores privados actuarán de manera inapropiada en función del uso de la infraestructura de pagos.
¡No hace mucho tiempo, la Reserva Federal facilitaba los pagos transportando fajos de cheques por todo el país en camiones y trenes! Y todavía tenemos un trabajo importante que hacer para garantizar que quienes dependen de cheques puedan obtener sus fondos de manera oportuna y que el sistema no esté expuesto al fraude.