Si bien el acceso a los servicios financieros ha sido un paso fundamental hacia la inclusión financiera de las mujeres, el progreso está lejos de ser uniforme por dos razones clave. En primer lugar, el progreso en torno al acceso sigue siendo desigual e incompleto, con marcadas variaciones regionales y casi 800 millones de mujeres en países de ingresos bajos y medianos (PIMB) aún no bancarizadas. En segundo lugar, la simple apertura de una cuenta bancaria no ha conducido automáticamente a un mayor compromiso, confianza y seguridad de las mujeres en el sistema financiero. Por lo tanto, estas brechas han creado un panorama desigual de éxito para la inclusión financiera de las mujeres. Las barreras persistentes, como las normas de género arraigadas, la falta de datos y conocimientos desglosados por género, la falta de soluciones financieras personalizadas para diferentes segmentos de mujeres y los esfuerzos sectoriales fragmentados y desconectados, continúan impidiendo el progreso cohesivo en el mercado e impidiendo el cambio radical impactante necesario para avanzar en WFI.
Ahora es el momento de unirnos en torno a soluciones financieras audaces y colaborativas que se adapten a las mujeres donde están, soluciones diseñadas en torno a sus realidades, medios de vida y trayectorias financieras. Al ritmo actual de cambio, se necesitará más de un siglo para cerrar la brecha de género en el acceso a los servicios financieros. No podemos darnos el lujo de esperar. De cara al futuro, la magnitud de la solución debe estar a la altura de la magnitud del desafío, lo que pone de relieve la necesidad urgente de adoptar medidas más amplias y coordinadas. Es el momento adecuado para un nuevo enfoque que reúna los esfuerzos individuales, a menudo dispares, de los sectores público y privado, asegurando que los esfuerzos combinados conduzcan a soluciones más impactantes y generen resultados mayores que la suma de sus partes.